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miércoles, 24 de diciembre de 2025

Masacre de Acteal sin resolverse, se suma a muchos genocidios más como el de Palestina

 


“Como sobrevivientes queremos comunicarles que seguimos firmes en la lucha por la justicia y verdad para nuestras y nuestros mártires. Somos testigos verdaderos de esos terribles hechos y seguiremos denunciando a los responsables de la masacre”.

Sociedad Civil Las Abejas de Acteal

1997-2014


 *Imagina*

Por Raúl Hernández Rivera

 

Decía: Sonríele cinco veces a quien más desees no sonreírle; hazlo por el bien y la paz de los dos. Así decía la Madre Teresa de Calcuta

 

Decía: Imagina un mundo sin fronteras, sin injusticias, sin intereses materiales; imagina un mundo impulsado tan sólo por el amor. Así decía John Lennon.

 

Tal vez si imaginamos el mundo sin fronteras de Lennon, podremos sonreírle al presidente Ernesto Zedillo, al secretario de Gobernación, Emilio Chuayffet, al procurador de la República, a los titulares de Derechos Humanos, al secretario de la Defensa, a los solados apostados en Chiapas, a los policías judiciales y a los propios miembros de “Paz y Justicia” que atacaron a 45 niños, mujeres y hombres indígenas tzotziles indefensos en Acteal y que murieron acribillados, masacrados por la espalda cuando se encontraban hincados rezando, pidiendo a las imágenes que cese la persecución y la injusticia, que venga la paz y tiempos mejores. Irónica imagen.

 

Tal vez podremos sonreírles a las guaridas de seguridad que mandó el gobierno del Estado de Chiapas, y que contemplaron la infamia a 200 metros del lugar. Tal vez pueda sonreírles a todos ellos, luego de escuchar a los soldados enviados a San Andrés Larrainzar, Chiapas, decirles cínicamente, burlones, amenazantes, a las integrantes de grupos de ayuda nacional e internacional, a mujeres y niñas indígenas: “esa dice que quiere un hijo de soldado”

 

Tal vez pueda sonreírles a todas nuestras autoridades, luego de ver a niños heridos de bala expansiva, golpeados, fracturados, pasar la Navidad en una casa de campaña improvisada de plástico, entre el frío y la lluvia, huérfanos.

 

Tal vez pueda sonreírles a todas las autoridades civiles y militares, luego de ver a Ana María Hernández Pérez de 48 días de nacida y a Pablo Arias Pérez de 22 días de nacido, morir de neumonía; morir en el éxodo causado por la violencia desatada por los paramilitares de “Paz y Justicia”: morir entre el frío, la lluvia, el lodo, sin ropa, sin alimento, sin casa. Sin esperanza, sin paz, sin justicia.

 

Tal vez pueda sonreírles, después de ver al padre de Pablo cavar la tumba de su hijo con sus propias manos para depositar allí el cuerpecito envuelto con un jirón de ropa como féretro.

 

Tal vez pueda sonreírles al vivir todo esto, y regresar a mi ciudad y ver los escaparates llenos de anuncios de trasnacionales que me dicen: “trabaja – consume, trabaja – consume; si no consumes, no vales.

 

Tal vez pueda sonreír al ver a la gente alcoholizada brindando “feliz” por la Navidad y por el año que empieza. Gastando, comprando, huyendo, también en el éxodo, en su éxodo, de la realidad… tal vez para olvidar la parte de responsabilidad que le toca en injusticias como las de Acteal.

 

México roto, me dueles. Pero tal vez pueda sonreír e imaginar que en la vida vale la pena morir. Imaginar que no es mejor que Ana María y Pablo hayan muerto; yo los quiero vivos, quiero vivos y sanos a todos los niños indígenas, a los 40 mil niños mexicanos que mueren de hambre anualmente, a todos los niños de México, a todos los niños del mundo, de este mundo herido que me lastima.

 

Tal vez Ana María y Pablo sonrieron antes de morir, al imaginar un mundo mejor.

 

Tal vez ella, la Madre Teresa, sonreía al decir: “Cuando más necesidad de alimento tenga yo, Señor, envíame a alguien que necesita alimento. Cuando más sed tenga yo, Señor, envíame a alguien para saciar su sed. Cuando más enferma esté yo, Señor, envíame a alguien para abrigarlo. Cuando más sufrimiento tenga yo, Señor, envíame a alguien para confortarlo.

 

Tal vez deba sonreírles a todas las autoridades y humildemente, Señor, pedirte perdón por no haber hecho nada para evitar esas muertes injustas. Tal vez deba sonreír y aunque me cueste trabajo, Señor, darte las gracias por las veces que me falta el alimento, por mi sed insaciada, por la pérdida del ser querido, por mi enfermedad, por la falta de trabajo, por la ausencia del sustento, por el frío que me cala los huesos, por el sufrimiento que me causa la injusticia… por mi soledad.

Darte las gracias, Señor, porque con ello me acerco más a Ti.

 

Feliz Navidad y Próspero Año a todos, incluyendo a quienes menos tengo ganas de sonreírles, pero que lo hago por la paz de ellos, por la mía… por la de todos.     

 


Basado en información y con fotografías del periódico La Jornada y otros autores, respecto a la Matanza de Acteal el 22 de diciembre de 1997.

Publicado en varios periódicos de los estados, el mes de enero de 1998.



 Nota: A 28 años de la Matanza de Acteal, los nombres de los funcionarios han cambiado, los de las víctimas también, las injusticias no.

Ahora hay que sumar los 43 de Ayotzinapa, los niños masacrados en Palestina (ahora mismo mueren niños y adultos injustamente en Belén) y tantas muertes más de niños, jóvenes y personas, muertes injustas todas ellas.

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