“Como
sobrevivientes queremos comunicarles que seguimos firmes en la lucha por la
justicia y verdad para nuestras y nuestros mártires. Somos testigos verdaderos
de esos terribles hechos y seguiremos denunciando a los responsables de la
masacre”.
Sociedad
Civil Las Abejas de Acteal
1997-2014
*Imagina*
Por
Raúl Hernández Rivera
Decía: Sonríele cinco veces a quien más desees no
sonreírle; hazlo por el bien y la paz de los dos. Así decía la Madre Teresa de
Calcuta
Decía: Imagina un mundo sin fronteras, sin injusticias, sin
intereses materiales; imagina un mundo impulsado tan sólo por el amor. Así
decía John Lennon.
Tal vez si imaginamos el mundo sin fronteras de Lennon,
podremos sonreírle al presidente Ernesto Zedillo, al secretario de Gobernación,
Emilio Chuayffet, al procurador de la República, a los titulares de Derechos
Humanos, al secretario de la Defensa, a los solados apostados en Chiapas, a los
policías judiciales y a los propios miembros de “Paz y Justicia” que atacaron a
45 niños, mujeres y hombres indígenas tzotziles indefensos en Acteal y que
murieron acribillados, masacrados por la espalda cuando se encontraban hincados
rezando, pidiendo a las imágenes que cese la persecución y la injusticia, que
venga la paz y tiempos mejores. Irónica imagen.
Tal vez podremos sonreírles a las guaridas de seguridad que
mandó el gobierno del Estado de Chiapas, y que contemplaron la infamia a 200
metros del lugar. Tal vez pueda sonreírles a todos ellos, luego de escuchar a
los soldados enviados a San Andrés Larrainzar, Chiapas, decirles cínicamente,
burlones, amenazantes, a las integrantes de grupos de ayuda nacional e
internacional, a mujeres y niñas indígenas: “esa dice que quiere un hijo de
soldado”
Tal vez pueda sonreírles a todas nuestras autoridades,
luego de ver a niños heridos de bala expansiva, golpeados, fracturados, pasar
la Navidad en una casa de campaña improvisada de plástico, entre el frío y la
lluvia, huérfanos.
Tal vez pueda sonreírles a todas las autoridades civiles y
militares, luego de ver a Ana María Hernández Pérez de 48 días de nacida y a
Pablo Arias Pérez de 22 días de nacido, morir de neumonía; morir en el éxodo
causado por la violencia desatada por los paramilitares de “Paz y Justicia”:
morir entre el frío, la lluvia, el lodo, sin ropa, sin alimento, sin casa. Sin
esperanza, sin paz, sin justicia.
Tal vez pueda sonreírles, después de ver al padre de Pablo
cavar la tumba de su hijo con sus propias manos para depositar allí el
cuerpecito envuelto con un jirón de ropa como féretro.
Tal
vez pueda sonreírles al vivir todo esto, y regresar a mi ciudad y ver los
escaparates llenos de anuncios de trasnacionales que me dicen: “trabaja –
consume, trabaja – consume; si no consumes, no vales.
Tal
vez pueda sonreír al ver a la gente alcoholizada brindando “feliz” por la
Navidad y por el año que empieza. Gastando, comprando, huyendo, también en el
éxodo, en su éxodo, de la realidad… tal vez para olvidar la parte de
responsabilidad que le toca en injusticias como las de Acteal.
México roto, me dueles. Pero tal vez pueda sonreír e
imaginar que en la vida vale la pena morir. Imaginar que no es mejor que Ana
María y Pablo hayan muerto; yo los quiero vivos, quiero vivos y sanos a todos
los niños indígenas, a los 40 mil niños mexicanos que mueren de hambre
anualmente, a todos los niños de México, a todos los niños del mundo, de este
mundo herido que me lastima.
Tal vez Ana María y Pablo sonrieron antes de morir, al
imaginar un mundo mejor.
Tal vez ella, la Madre Teresa, sonreía al decir: “Cuando
más necesidad de alimento tenga yo, Señor, envíame a alguien que necesita
alimento. Cuando más sed tenga yo, Señor, envíame a alguien para saciar su sed.
Cuando más enferma esté yo, Señor, envíame a alguien para abrigarlo. Cuando más
sufrimiento tenga yo, Señor, envíame a alguien para confortarlo.
Tal vez deba sonreírles a todas las autoridades y
humildemente, Señor, pedirte perdón por no haber hecho nada para evitar esas
muertes injustas. Tal vez deba sonreír y aunque me cueste trabajo, Señor, darte
las gracias por las veces que me falta el alimento, por mi sed insaciada, por
la pérdida del ser querido, por mi enfermedad, por la falta de trabajo, por la
ausencia del sustento, por el frío que me cala los huesos, por el sufrimiento
que me causa la injusticia… por mi soledad.
Darte las gracias, Señor, porque con ello me acerco más a
Ti.
Feliz Navidad y Próspero Año a todos, incluyendo a quienes
menos tengo ganas de sonreírles, pero que lo hago por la paz de ellos, por la
mía… por la de todos.
Basado en información y con fotografías del periódico La
Jornada y otros autores, respecto a la Matanza de Acteal el 22 de diciembre de
1997.
Publicado en varios periódicos de los estados, el mes de
enero de 1998.
Ahora hay que sumar los 43 de Ayotzinapa, los niños
masacrados en Palestina (ahora mismo mueren niños y adultos injustamente en Belén) y tantas muertes
más de niños, jóvenes y personas, muertes injustas todas ellas.
