El autor sostiene que
este trazado es clave para el desarrollo del Mercosur y la integración
sudamericana, y así lo fundamenta en esta nota.
Por Gustavo Arenas -
Licenciado en Ciencios Políticas. Presidente del bloque de Diputados
provnciales del FPV-PJ.
En la actualidad el paso
fronterizo del Sistema Integrado Cristo Redentor es el principal enlace
terrestre entre la Argentina y Chile, ya que opera como el punto de confluencia
de conexiones de un intenso tránsito proveniente del Mercosur hacia Chile y los
mercados de ultramar en el Pacífico, a través de los puertos de Valparaíso, San
Antonio y Quinteros, en la V Región trasandina.
Este cruce se encuentra
sobre el eje horizontal comercialmente más relevante de ambos países, en el
cual se asientan las ciudades y los centros de consumo y producción más
significativos de cada lado de la frontera, en el marco de un intercambio
sociohistórico y cultural que se enriquece y reafirma con el transcurso del
tiempo.
Ese trazado
geopolíticamente estratégico comprende y enlaza las provincias de Buenos Aires,
Santa Fe, Córdoba, San Luis y Mendoza, por el lado argentino, las cuales
albergan más del 60% de la población nacional y representan más del 50% del
Producto Bruto Interno (PBI). Mientras, al atravesar la Cordillera de los
Andes, del lado chileno se encuentran la V Región de Valparaíso y el área
metropolitana de Santiago, que congregan casi el 50% de la población y
concentran más del 50% del PBI de esa nación.
Esas características tan
significativas han hecho que en el sistema Cristo Redentor confluyeran en 2009
un flujo anual de 1.683.368 pasajeros y de 4.625.871 toneladas de cargas
transportadas; así como un tránsito de 205.505 vehículos particulares, 29.278
colectivos y 310.135 camiones, según se desprende del Estudio de Optimización
del Paso de Frontera Sistema Cristo Redentor.
En este marco, su
localización como centro de convergencia desde y hacia el Pacífico origina una
creciente demanda de tránsito que tiende a incrementarse y a superar su
capacidad de operación. Todas esas características conllevan a que el desafío
actual en ese sentido pase por adecuar el paso a las necesidades concretas,
mediante una optimización sustancial de su funcionamiento que, además de
mejoras estructurales, considere la reactivación del ferrocarril como un medio
absolutamente seguro que anteriormente ya funcionaba.
Efectivamente, el
Ferrocarril Trasandino prestó servicios desde 1910 hasta 1984. Luego de su
colapso, el tráfico terrestre a través de la Cordillera de los Andes Centrales
se efectuó exclusivamente mediante el tránsito vehicular por el Túnel
Internacional Cristo Redentor.
En este período, el gran
desarrollo que se ha registrado en la Argentina y Chile provocó que el tráfico
vehicular creciera a tasas exponenciales hasta superar la capacidad del paso,
lo cual obliga a buscar soluciones alternativas, entre las que un sistema
ferroviario con un túnel de baja altura que vincule ambas naciones surge como
la más efectiva.
Las proyecciones
realizadas al respecto estiman que a través del ferrocarril se podría
incrementar el actual tráfico anual de cinco millones de toneladas a 70
millones de toneladas y que sería posible operar todo el año al evitarse
interrupciones por contingencias climáticas, lo que redundaría en una mayor
previsibilidad y confiabilidad en los tiempos del transporte.
Asoma como otro punto
sumamente relevante que el tránsito ferroviario es más eficiente desde el punto
de vista energético, ya que consume el 70% menos de energía por tonelada
transportada en comparación con otros sistemas.
También implica una mayor
seguridad vial, ya que, en proporción con las toneladas transportadas, la
siniestralidad en el ferrocarril es mucho menor, por ejemplo, en relación con
los camiones. Asimismo, traería aparejada más rapidez en el traslado de las
mercaderías hacia los puntos de destino.
En este trance es que la
reactivación debe darse como un elemento fundamental en la recuperación de la
planificación estratégica clara y firmemente desarrollada por el Poder
Ejecutivo Nacional a través de la decisión política del presidente Néstor
Kirchner, y continuada por la actual gestión de la mandataria Cristina
Fernández de Kirchner, que fue sostenida con la creación de un organismo
específico para el área: el Ministerio de Planificación Federal, Inversión
Pública y Servicios.
Después de las interrupciones
democráticas ocurridas en las décadas del ?70 y el ?80 en todo el continente,
en los últimos años se han dado pasos en un proceso de integración más profunda
y solidaria entre los pueblos de Latinoamérica, único instrumento eficaz para
enfrentar la pobreza y la exclusión social en la región, así como para
consolidar las democracias, el crecimiento y la generación de empleo a través
de una complementación productiva.
En este aspecto, el hito
más reciente fue el ingreso de la República Bolivariana de Venezuela al
Mercosur, el 12 de agosto de 2012, lo que permitió fortalecer y colocar al
bloque regional como una de las economías más consolidadas del mundo, en el
cual ocupa el quinto lugar. De por sí, este hecho representa un gran
acontecimiento histórico dado que se logró en simultáneo con las graves crisis
que atraviesan actualmente algunos países tradicionales y supuestamente
consolidados de Europa.
Igualmente, la inserción
de los países latinoamericanos fuertemente aliados en el contexto internacional
avanza muy firme gracias al crecimiento verificado en el Mercosur a través del
Acuerdo de Complementación Económica firmado con Chile en 1996, la reciente
incorporación de Venezuela y, en el futuro cercano, la de Ecuador.
De esta manera, como una
respuesta adecuada a la consolidación de grandes espacios económicos en el
mundo, la integración regional ha pasado a ser, más que un anhelo, una
necesidad dentro del nuevo contexto mundial, en el cual el intercambio de
bienes y servicios se ha incrementado de manera exponencial y, al consolidarse
a escala planetaria entre las diferentes áreas geográficas, exhorta a la
necesidad de contar con una infraestructura adecuada para participar
competitivamente en el mercado global.
Es en este punto donde se
comprueba que la competitividad de una región es directamente proporcional a la
calidad de su infraestructura y que, dentro de ésta, el transporte es uno de
los factores de mayor relevancia. Así, en relación con este ámbito se debe
procurar la integración entre las distintas modalidades para aprovechar y
complementar las ventajas competitivas de cada una.
Todas estas acciones
deben encararse sobre la base de que la Argentina y Chile cuentan con un amplio
marco institucional en el que se acuerdan y planifican acciones para consolidar
la integración física, plasmada fundamentalmente en el Acuerdo de Paz y Amistad
firmado en 1984, y ratificado en 2009 mediante el Tratado de Maipú y los
acuerdos y protocolos complementarios.
De esta manera, siempre
guiados por las acciones señeras de integración hacia nuestros hermanos
chilenos, la recuperación del Ferrocarril Trasandino se posiciona como una
herramienta estratégica para consolidar la unión latinoamericana. Ese sueño tan
anhelado por nuestros próceres desde los primeros albores de la libertad en
esta tierra de oportunidades en la cual Mendoza se erigió como un enclave
fundamental.
Fuente: Los Andes