Economía y
Mercado
JAVIER DE HAEDO
Montevideo,
Uruguay, 5 de noviembre del 2012.- Hace dos semanas
participé de un ciclo de conferencias que organizó en su Casa el Partido
Colorado, bajo el título "¿Mercosur sí o Mercosur no?". En esa
oportunidad, la segunda instancia del ciclo, participé junto a Gabriel Oddone y
Alejandro Atchugarry. Antes habían participado representantes de organizaciones
empresariales y sindicales y mañana cerrarán el ciclo los cuatro ex presidentes
de la República. Viene al caso, por la importancia permanente del tema,
compartir en esta tribuna lo que pienso al respecto del tema planteado, cuya
respuesta adelanto desde el título.
Primero, cabe destacar el contexto macro
económico de las relaciones de Uruguay y sus vecinos, más allá del Mercosur.
Uruguay es, desde el punto de vista macro, una "provincia" de la
región, y esto se percibe en el comportamiento habitualmente paralelo de
precios y cantidades y en los serios efectos reales que padecemos cuando ello
no ocurre. Es también habitual que Uruguay se "pegue" siempre al más
caro de sus vecinos, cuando existen diferencias entre ambos y que al final del
día termine ajustando una vez que ese vecino lo hizo. Y, por último, debe
quedar claro que más allá de figurar cuarto o quinto como destino de nuestras
exportaciones de bienes, Argentina es nuestro principal socio comercial en el
sentido más amplio y abarcador de la palabra. Argentinos efectúan casi el 60%
del gasto turístico en nuestro país y casi todas nuestras exportaciones de
bienes a ese destino no tienen uno alternativo. Una crisis en Argentina nos
pegaría fuerte en el ingreso de los hogares y en las finanzas públicas como
ninguna otra, dado que nuestras exportaciones de bienes y de servicios a ese
país son intensivas como ningunas otras en trabajo e impuestos.
Segundo, en ese contexto, cualquier acuerdo
con los vecinos debería procurar no acentuar la dependencia, por lo que sería
recomendable en todo caso un acuerdo abierto y no cerrado al mundo. Pero el
Mercosur es un acuerdo más cerrado que abierto y por lo tanto acentúa la
región-dependencia. Y lo es porque la estructura del arancel externo común ha
dado lugar a un esquema de sustitución de importaciones a escala regional que,
a diferencia de la vieja sustitución de importaciones a escala nacional de mediados
del siglo pasado, genera la recíproca expoliación de los consumidores de cada
país por los productores de los otros.
Tercero, esto no debería ser necesariamente
así. El proyecto original no preveía que más de 20 años después estuviéramos
como estamos. Y no es que el Mercosur haya fracasado sino que no se lo cumplió
ni se lo profundizó como cabía esperar que ocurriera. Pero a mediados de los
noventa, Argentina empezó a "trampear" el acuerdo y hay en ese
sentido un pecado original: Argentina reintrodujo la tasa estadística del 3% en
marzo de 1995 esgrimiendo razones fiscales. Ante esa situación, los socios del
Mercosur reaccionaron de la peor manera: compensando con sus propios pecados el
desvío argentino en vez de pedir, como contrapartida, seguir el camino de una
mayor apertura, lo que habría sido lo más razonable y eficiente especialmente
para el caso de Uruguay, por ser una economía pequeña.
Para una economía pequeña, cerrarse es auto
infligirse un daño. Y si, ante el cierre de un socio que nos afecta, nos
cerramos, es doble la afectación que terminaremos padeciendo.
Así llegamos a la situación de hoy en la
que de hecho no existe un arancel externo común, cuya tasa máxima, además, no
es el 20% previsto sino el 35% y en el que en nuestro país sigue vigente una
"tasa consular" de 2% que grava todas las importaciones, incluidas
las que provienen de nuestros socios.
Al consolidarse como un acuerdo más cerrado
que abierto, muchas industrias no tuvieron el incentivo para reconvertirse,
transformarse y adaptarse a una realidad más competitiva pero tampoco quedaron
por el camino. Una u otra cosa habría sucedido de haber avanzado el Mercosur
por el camino previsto en su diseño original y habrán de suceder en caso que
algún día, con otros gobiernos en los países miembros, se retome aquel camino.
Esa era precisamente la razón de ser del
ingreso de Uruguay al Mercosur, ir a una mayor apertura que permitiera
evolucionar a industrias que venían de una economía muy cerrada. Y evitar que
nuestros vecinos nos sustituyeran recíprocamente en nuestras exportaciones a
ambos.
Pero una vez que comenzaron los
"desvíos" del proyecto original, nuestros gobernantes y nuestros
empresarios actuaron como si se tuviera un "mercado cautivo", por lo
tanto, seguro y permanente. Pero en realidad nos habíamos vuelto rehenes,
cautivos de ese mercado. Lo que quedó en evidencia como nunca antes este año
con las trabas argentinas a nuestras exportaciones. Si el Mercosur hubiera
evolucionado debidamente, el "factor Moreno" nos habría pegado mucho
menos y quizá Chile sería hoy socio pleno en vez de balconear el Mercosur.
No obstante todas las dificultades
expuestas, no creo que el tema se deba plantear en términos de "sí" o
"no" al Mercosur sino en todo caso, como "Mercosur
también". Hoy, a pesar de todo, existen numerosas industrias intensivas en
mano de obra, que si no exportan a Argentina (y en menor medida a Brasil), no
exportan a casi más nadie, no tienen destinos alternativos. Entre otras cosas
no tienen escala ni precios como para llegar más lejos. Y dado que para ellas
somos rehenes, no hay otro camino que el de negociar, aún en las condiciones
actuales, a la espera de que las condiciones cambien y las reglas de juego sean
más previsibles y estables.
La respuesta a la pregunta planteada en el
ciclo organizado por el Partido Colorado no puede ser "Mercosur sí"
en el sentido de un casamiento total con el bloque y sus términos, dado que
evidentemente no es el arreglo más eficiente para nuestra economía. Tampoco
puede ser "Mercosur no" en el sentido de un divorcio total y un
abandono, un salirnos del bloque dado que, como vimos, muchas industrias y
muchos trabajadores quedarían por el camino. Por eso digo "Mercosur
también", Mercosur como un plato más de un menú del que debemos probar
todos y aprovechar lo mejor de cada uno.
Cuarto, y por último, cómo seguir en el
actual Mercosur. El ideal sería retomar el liderazgo conceptual que en su
origen tuvimos de modo de volver a las fuentes y apuntar cuando se pueda a
retomar el camino hacia un Mercosur más abierto. Mientras tanto, que la
respuesta ante las excepciones hacia un mayor cierre que plantean los socios
sea un pedido de excepciones hacia una mayor apertura de nuestra parte. Es
posible que no deba faltar alguna dosis de "hechos consumados" si
fuera necesario para conseguir lo que nos proponemos. Y negociar todo lo que
sea necesario para preservar el estatus de las industrias que mal o bien están
jugadas a las economías vecinas y no tienen alternativas. Finalmente,
deberíamos predicar con el ejemplo y dejar de cometer nuestros propios pecados.
Creo que podemos y debemos liberar a la competencia determinados sectores que
están "protegidos" de la competencia externa y cuya cuenta pagamos
como consumidores. La falta de competencia en algunos sectores ha sido evidente
en las últimas semanas en la evolución de los precios de pollos, frutas y
verduras. Creo que debemos y podemos eliminar de una vez la tasa consular. Y
aplicar un arancel máximo real de 20%. Como ya vimos, ese tipo de
comportamiento nos perjudica más de lo que nos beneficia, al menos,
considerando al conjunto de la economía y no a partes específicas de ella.
Fuente: El País