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martes, 6 de noviembre de 2012

Ni "sí" ni "no"; Mercosur "también"



Economía y Mercado
JAVIER DE HAEDO
Montevideo, Uruguay, 5 de noviembre del 2012.- Hace dos semanas participé de un ciclo de conferencias que organizó en su Casa el Partido Colorado, bajo el título "¿Mercosur sí o Mercosur no?". En esa oportunidad, la segunda instancia del ciclo, participé junto a Gabriel Oddone y Alejandro Atchugarry. Antes habían participado representantes de organizaciones empresariales y sindicales y mañana cerrarán el ciclo los cuatro ex presidentes de la República. Viene al caso, por la importancia permanente del tema, compartir en esta tribuna lo que pienso al respecto del tema planteado, cuya respuesta adelanto desde el título.

Primero, cabe destacar el contexto macro económico de las relaciones de Uruguay y sus vecinos, más allá del Mercosur. Uruguay es, desde el punto de vista macro, una "provincia" de la región, y esto se percibe en el comportamiento habitualmente paralelo de precios y cantidades y en los serios efectos reales que padecemos cuando ello no ocurre. Es también habitual que Uruguay se "pegue" siempre al más caro de sus vecinos, cuando existen diferencias entre ambos y que al final del día termine ajustando una vez que ese vecino lo hizo. Y, por último, debe quedar claro que más allá de figurar cuarto o quinto como destino de nuestras exportaciones de bienes, Argentina es nuestro principal socio comercial en el sentido más amplio y abarcador de la palabra. Argentinos efectúan casi el 60% del gasto turístico en nuestro país y casi todas nuestras exportaciones de bienes a ese destino no tienen uno alternativo. Una crisis en Argentina nos pegaría fuerte en el ingreso de los hogares y en las finanzas públicas como ninguna otra, dado que nuestras exportaciones de bienes y de servicios a ese país son intensivas como ningunas otras en trabajo e impuestos.
Segundo, en ese contexto, cualquier acuerdo con los vecinos debería procurar no acentuar la dependencia, por lo que sería recomendable en todo caso un acuerdo abierto y no cerrado al mundo. Pero el Mercosur es un acuerdo más cerrado que abierto y por lo tanto acentúa la región-dependencia. Y lo es porque la estructura del arancel externo común ha dado lugar a un esquema de sustitución de importaciones a escala regional que, a diferencia de la vieja sustitución de importaciones a escala nacional de mediados del siglo pasado, genera la recíproca expoliación de los consumidores de cada país por los productores de los otros.
Tercero, esto no debería ser necesariamente así. El proyecto original no preveía que más de 20 años después estuviéramos como estamos. Y no es que el Mercosur haya fracasado sino que no se lo cumplió ni se lo profundizó como cabía esperar que ocurriera. Pero a mediados de los noventa, Argentina empezó a "trampear" el acuerdo y hay en ese sentido un pecado original: Argentina reintrodujo la tasa estadística del 3% en marzo de 1995 esgrimiendo razones fiscales. Ante esa situación, los socios del Mercosur reaccionaron de la peor manera: compensando con sus propios pecados el desvío argentino en vez de pedir, como contrapartida, seguir el camino de una mayor apertura, lo que habría sido lo más razonable y eficiente especialmente para el caso de Uruguay, por ser una economía pequeña.
Para una economía pequeña, cerrarse es auto infligirse un daño. Y si, ante el cierre de un socio que nos afecta, nos cerramos, es doble la afectación que terminaremos padeciendo.
Así llegamos a la situación de hoy en la que de hecho no existe un arancel externo común, cuya tasa máxima, además, no es el 20% previsto sino el 35% y en el que en nuestro país sigue vigente una "tasa consular" de 2% que grava todas las importaciones, incluidas las que provienen de nuestros socios.
Al consolidarse como un acuerdo más cerrado que abierto, muchas industrias no tuvieron el incentivo para reconvertirse, transformarse y adaptarse a una realidad más competitiva pero tampoco quedaron por el camino. Una u otra cosa habría sucedido de haber avanzado el Mercosur por el camino previsto en su diseño original y habrán de suceder en caso que algún día, con otros gobiernos en los países miembros, se retome aquel camino.
Esa era precisamente la razón de ser del ingreso de Uruguay al Mercosur, ir a una mayor apertura que permitiera evolucionar a industrias que venían de una economía muy cerrada. Y evitar que nuestros vecinos nos sustituyeran recíprocamente en nuestras exportaciones a ambos.
Pero una vez que comenzaron los "desvíos" del proyecto original, nuestros gobernantes y nuestros empresarios actuaron como si se tuviera un "mercado cautivo", por lo tanto, seguro y permanente. Pero en realidad nos habíamos vuelto rehenes, cautivos de ese mercado. Lo que quedó en evidencia como nunca antes este año con las trabas argentinas a nuestras exportaciones. Si el Mercosur hubiera evolucionado debidamente, el "factor Moreno" nos habría pegado mucho menos y quizá Chile sería hoy socio pleno en vez de balconear el Mercosur.
No obstante todas las dificultades expuestas, no creo que el tema se deba plantear en términos de "sí" o "no" al Mercosur sino en todo caso, como "Mercosur también". Hoy, a pesar de todo, existen numerosas industrias intensivas en mano de obra, que si no exportan a Argentina (y en menor medida a Brasil), no exportan a casi más nadie, no tienen destinos alternativos. Entre otras cosas no tienen escala ni precios como para llegar más lejos. Y dado que para ellas somos rehenes, no hay otro camino que el de negociar, aún en las condiciones actuales, a la espera de que las condiciones cambien y las reglas de juego sean más previsibles y estables.
La respuesta a la pregunta planteada en el ciclo organizado por el Partido Colorado no puede ser "Mercosur sí" en el sentido de un casamiento total con el bloque y sus términos, dado que evidentemente no es el arreglo más eficiente para nuestra economía. Tampoco puede ser "Mercosur no" en el sentido de un divorcio total y un abandono, un salirnos del bloque dado que, como vimos, muchas industrias y muchos trabajadores quedarían por el camino. Por eso digo "Mercosur también", Mercosur como un plato más de un menú del que debemos probar todos y aprovechar lo mejor de cada uno.
Cuarto, y por último, cómo seguir en el actual Mercosur. El ideal sería retomar el liderazgo conceptual que en su origen tuvimos de modo de volver a las fuentes y apuntar cuando se pueda a retomar el camino hacia un Mercosur más abierto. Mientras tanto, que la respuesta ante las excepciones hacia un mayor cierre que plantean los socios sea un pedido de excepciones hacia una mayor apertura de nuestra parte. Es posible que no deba faltar alguna dosis de "hechos consumados" si fuera necesario para conseguir lo que nos proponemos. Y negociar todo lo que sea necesario para preservar el estatus de las industrias que mal o bien están jugadas a las economías vecinas y no tienen alternativas. Finalmente, deberíamos predicar con el ejemplo y dejar de cometer nuestros propios pecados. Creo que podemos y debemos liberar a la competencia determinados sectores que están "protegidos" de la competencia externa y cuya cuenta pagamos como consumidores. La falta de competencia en algunos sectores ha sido evidente en las últimas semanas en la evolución de los precios de pollos, frutas y verduras. Creo que debemos y podemos eliminar de una vez la tasa consular. Y aplicar un arancel máximo real de 20%. Como ya vimos, ese tipo de comportamiento nos perjudica más de lo que nos beneficia, al menos, considerando al conjunto de la economía y no a partes específicas de ella.
Fuente: El País
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