Cipamericas
Programa de las Américas
Adital
Por Alfredo Acedo
Director de comunicación
social y asesor de la Unión Nacional de Organizaciones Regionales Campesinas
Autónomas. México
En época de crisis
alimentaria, la disputa por el maíz se recrudece y la importancia de esta
gramínea, base de la alimentación de México y buena parte del mundo, se revela
en toda su magnitud. El escenario es el combate entre una cultura que gira en
torno a la producción material y simbólica del maíz, valioso patrimonio
agrogenético, social e histórico de la humanidad, y el entramado de intereses
mercantiles y políticos que ven en este grano prodigioso sólo otro elemento
para aumentar sus ganancias y poder mediante el saqueo.
Hay un ataque imperial al
maíz en su centro de origen, sobre todo a partir del Tratado de Libre Comercio
que profundizó la dependencia alimentaria del país, y hay una defensa de los
pueblos del maíz, en una pugna geoestratégica exacerbada por los desequilibrios
climáticos resultado del calentamiento global y por la decadencia del modelo de
producción agroindustrial.
¿Por qué les atrae el
maíz a las trasnacionales? Porque es el grano más eficiente productor de
biomasa. Se puede tener una idea de esto si se compara la planta de maíz con la
de trigo. Un grano de trigo producirá una sola espiga esbelta mientras un grano
de maíz dará origen a dos mazorcas robustas. El rendimiento por hectárea del
maíz puede ser el doble del trigo. La producción mundial anual es de más de 850
millones de toneladas.
A diferencia de los demás
cereales, hay variedades de maíz para casi todos los climas, desde el valle
hasta la montaña, y para casi todos los tipos de suelo. Su ciclo es breve y las
familias campesinas han creado métodos sencillos para su almacenamiento,
conservación y preparación.
El Nobel Octavio Paz observó
agudamente que el invento del maíz por los mexicanos sólo es comparable con el
invento del fuego por la humanidad. A partir de la grama no comestible del
teocintle, los antiguos mexicanos crearon el maíz, lo difundieron a Mesoamérica
y de ahí pasó al mundo entero. Las alrededor de 60 razas y las miles de
variedades nativas de México son reserva genética y uno de los bienes
estratégicos de importancia crucial para la alimentación y la economía
mundiales, expresada en escala de miles de millones de dólares anuales. El maíz
ha devenido en sustento de las familias de comunidades rurales y alimento
accesible de las familias urbanas pobres (representa el 60 por ciento de la
ingesta calórica de los mexicanos) y es materia prima fundamental de la
ganadería y la industria alimentaria mundial debido a su versatilidad y gran
cantidad de derivados y aplicaciones.
El maíz es resultado y
sustento de la historia y la cultura popular de México. Ambas historias, la del
grano y la del pueblo, han corrido entrelazadas, tanto que han podido ser
documentadas las relaciones entre la curva de precios del maíz y las
vicisitudes de la economía y la política mexicanas del siglo XVIII y principios
del XIX. El alza de precios del maíz provocó pobreza, carestías, desabasto,
hambrunas, epidemias, emigraciones, desempleo, delito y mendicidad. Esos
trastornos generaron la tensión social que propició el estallido de la Guerra
de Independencia.[1]
Actualmente el maíz es el
cultivo más importante de México, ocupa un poco más de la mitad de la
superficie sembrada y representa el 30 por ciento del valor total de la
producción. El país es el quinto productor mundial, con alrededor de 21
millones de toneladas anuales, pero importa casi 10 millones —un tercio de lo
que consume. Los otros grandes productores en orden de importancia son Estados
Unidos, China, Brasil y Argentina.
Por sus cualidades, el
maíz fue convertido rápidamente en mercancía codiciada, introducida al mercado
con una clara tendencia a la privatización. La transformación de la semilla en
una mercancía a partir de un recurso de uso social comunitario ha sido posible
mediante tres candados de una estrategia global cuyo objetivo es cerrar el paso
a la autosuficiencia campesina para la producción local de alimentos.
El primero es la imposición
de tecnologías para apropiarse de las características de las semillas y el
conocimiento tradicional asociado. El segundo es el establecimiento de un marco
jurídico que legalice el despojo mediante registros, certificados y patentes.
El tercero: las políticas agroalimentarias que favorecen a las trasnacionales y
perjudican a los pequeños y medianos productores. Según las investigadoras
Adelita San Vicente y Areli Carreón, "Esto es claro si revisamos las
ganancias y la concentración que en los últimos años han realizado las empresas
semilleras en el mundo. Hace 20 años existían miles de empresas que vendían
semillas, la mayoría de ellas pequeños negocios familiares. Después de varias
décadas de fusiones y adquisiciones, en la actualidad unas cuantas compañías
manejan las semillas comerciales, especialmente en los sectores industriales de
maíz y soya. En el caso del maíz, cuatro compañías —Monsanto, Dupont, Syngenta
y Dow— controlan más de tres cuartas partes del mercado, excluyendo a China.
Estas mismas empresas poseen la mayoría de las patentes agro biotecnológicas.”2
La importancia global del
maíz explica el interés de las trasnacionales por controlar la especie en su
centro de origen y convertirla en patrimonio privado. Empezaron con el uso de
variedades híbridas asociadas al uso de fertilizantes químicos y agrotóxicos.
Ahora vienen con el maíz transgénico que además entraña enormes riesgos para la
diversidad de las variedades nativas, y una vez destruidas por la contaminación
genética, los productores de maíz quedarían inermes ante la crisis del clima.
Menos maíz, más caro
Ahora mismo, mientras el
mundo padece la estampida de los precios de los alimentos, particularmente del
maíz, por los eventos climáticos en Estados Unidos, las multinacionales como
Monsanto se frotan las manos por la alta expectativa de ganancias debido a las
alzas y a la fuerte demanda de semillas. Los reveses del clima en ese país han
ocasionado una baja sensible en la expectativa para la cosecha próxima de maíz3
que ya impacta los precios del grano y está repercutiendo en otros alimentos.
La peor sequía en Estados Unidos en el último medio siglo, ocasionada por las
más altas temperaturas que se tenga registro, es atribuible a la crisis
climática y ha destruido la sexta parte de la cosecha de maíz estadunidense,
provocando una hiperinflación alimentaria, justo cuando se agrava la crisis
financiera y energética global.
El alza de los precios
del maíz4 y su repercusión en otros alimentos removió la memoria de la crisis
de 2008 que generó revueltas en varios países y en México dio pie a la crisis
de la tortilla. La ONU llamó inmediatamente a prevenir una catástrofe
alimentaria.5 Urgió a los gobiernos a realizar "acciones rápidas y
coordinadas” para asegurar que la subida de los precios de los alimentos no
origine un desastre que perjudicaría a millones de personas probablemente a
finales del año.
No sólo el maíz, también
trigo y soya, otros dos granos básicos para la alimentación mundial, están
siendo levantados por la espiral inflacionaria. Las agencias de la ONU definen
acertadamente que los elevados precios de los alimentos son el síntoma y no la
enfermedad, y llaman a atacar las causas profundas de la crisis de precios.
Quién sabe qué entiendan ellas por esto pero desde la perspectiva campesina
significaría cambiar el modelo de producción agroindustrial por otro basado en
la soberanía alimentaria, orientado a los mercados locales, en una época de
crecimiento de la demanda de alimentos y crisis climática.
Pero las medidas en curso
de los gobiernos alineados no apuntan en esa dirección. De acuerdo con datos
del Grupo de Trabajo de Estadísticas de Comercio Exterior dadas a conocer por
el diario La Jornada, México batió récord de importaciones de maíz6 durante el
primer semestre de 2012 respecto a igual periodo del año pasado, cuando cayó la
producción nacional a causa de heladas y sequías, pero también respecto a la
primera mitad de 2007, cuando ocurrió la crisis de la tortilla, e incluso
durante sendos lapsos de 2008 y 2009 con la crisis financiera mundial. Según la
misma fuente, en los primeros seis meses de este año se gastaron en este rubro
mil 931 millones de dólares.
México pasó de importar
396 mil toneladas en 1992, antes de la firma del Tratado de Libre Comercio de
América del Norte (TLCAN), a 9.8 millones de toneladas para el ciclo
2011-20127. Las medidas impuestas por el TLCAN desmantelaron las instituciones
de apoyo a la producción agroalimentaria y generaron condiciones de mayor
desigualdad respecto a los países socios. La dependencia alimentaria representa
ahora casi el 50 por ciento de lo que el país consume y el gobierno reconoce la
existencia de 28 millones de personas con hambre8, de las cuales 20 millones
habitan en el campo.
El hambre que vino del
norte
"¡Hambre, hambre!,
ladran los perros de Urique”, decían los viejos repitiendo una conseja de la
época Porfiriana, cuando la región habitada por los rarámuri en La Tarahumara
fue presa de la hambruna y escenario de levantamientos precursores de la
Revolución. El tiempo cerró el círculo y ahora esa región de Chihuahua, en el
norte de México, sufre una catástrofe humanitaria por escasez de alimentos
comparada por el semanario Proceso con lo que ocurre en países de África.9
La hambruna actual ha
llevado a los hospitales a centenares de indígenas con cuadros de desnutrición
aguda, cuyas enfermedades derivadas han causado la muerte de varias personas.
Se trata de la manifestación más extrema de las consecuencias del modelo
económico de libre mercado aplicado al campo, que desmanteló instituciones de
crédito, insumos, seguros, almacenes y programas de apoyo a la producción
campesina, generando una situación de insuficiencia alimentaria agravada por
los desajustes climáticos.
El año pasado, una sequía
atípica prolongada por más de 18 meses devastó las cosechas de maíz y frijol en
la región y las bajas temperaturas de cerca de –20 grados Celsius empeoraron el
problema. Ese año se dejaron de producir 20 mil toneladas de maíz para
autoconsumo. De las 150 mil toneladas del cereal que se producen comercialmente
en Chihuahua, sólo hubo 500 toneladas. De las más de 100 mil toneladas de
frijol que se cosechan anualmente, apenas hubo 20 mil. La producción de avena
se perdió en más de 80 por ciento. La falta de alimento afectó a un cuarto de
millón de habitantes de 4 mil 478 comunidades de población indígena y
campesina. Pero el problema no paró ahí.
Para el presente ciclo
primavera verano se prevé una cosecha insuficiente pues los rarámuri sólo
sembraron 4 mil de las 40 mil hectáreas que regularmente destinan para la
producción de granos básicos, principalmente maíz.10 Quienes se atrevieron a
sembrar lo hicieron sin humedad suficiente en algunas zonas de Guachochi,
Urique y Batopilas, con semilla nativa.
Y es apenas el aviso de
lo que vendrá. La situación de emergencia alimentaria no es privativa de las
zonas indígenas del norte del país sino que se extiende prácticamente a toda el
área rural —como lo muestran las cifras de pobreza alimentaria mencionadas
arriba. Las políticas agropecuarias impuestas a la sociedad mexicana durante
más de un cuarto de siglo han beneficiado principalmente a una minoría de
grandes productores y a las trasnacionales en detrimento de la mayoría de la
población. La insensatez del modelo que desmanteló los mecanismos e instituciones
que regulaban el mercado interno para entregarlo en charola de plata (con
subsidios y todo) a las empresas trasnacionales hace posible el absurdo de que
mientras el hambre campea y los Estados Unidos anuncian la caída de sus
cosechas de maíz, en el país hay problemas para comercializar más de un millón
200 mil toneladas del grano en Sinaloa y Jalisco debido a que los
comercializadores se niegan a pagar el precio internacional, incumpliendo
cuando les conviene las normas del TLCAN. Las trasnacionales ya dominan la
comercialización y también la mayor parte de las ramas de la agroindustria,
incluida la producción, almacenamiento y distribución de semillas.
El frente del maíz
transgénico
Monsanto y las empresas
que controlan el mercado de las semillas transgénicas en el mundo han
convertido al maíz mexicano en su blanco preferido porque una vez conquistado
se alzarían como dueñas absolutas de esta riqueza en el mundo.
Antes de que el gobierno
mexicano rompiera en 2009 la moratoria a la experimentación con maíz
transgénico, el maíz ya había sido genéticamente contaminado en su centro de
origen. El estudio que presentó la evidencia fue realizado por el científico
Ignacio Chapela y publicado por la revista Natureen noviembre de 2001. Chapela
documentó la presencia de maíz transgénico en Oaxaca, una de las entidades con
mayor diversidad del grano. El hecho fue confirmado meses después por
investigadores mexicanos. Actualmente casi la mitad de los estados de la
república han reportado presencia de contaminación transgénica y existe la
convicción extendida de que ésta fue provocada intencionalmente. De cualquier
modo, se trata de un crimen histórico.
El maíz transgénico no
incrementa los rendimientos11 ni conlleva ningún beneficio en costos de insumos
para los productores ni ventajas para el consumidor, pero si se aprueba la
siembra comercial de los maíces de Monsanto, la trasnacional podría obtener
utilidades cercanas a los 400 millones de dólares anuales, según calcula Víctor
Suarez, presidente de la Asociación Nacional de Empresa Comercializadoras de
Productores del Campo.12
Por eso los cabilderos de
la firma estadunidense no reparan en invertir unos 5 millones de dólares al año
para ablandar políticos, periodistas, científicos y dirigentes. También
invierte en sus cabezas de playa en el Centro de Investigación y Estudios
Avanzados de Irapuato y el Proyecto Maestro de Maíces Mexicanos que mantiene
con la Confederación Nacional Campesina13.
De la mano de la
destrucción de la economía rural de México, la contaminación clandestina llegó
como una de las consecuencias directas del TLCAN. El maíz no etiquetado que
sigue llegando de Estados Unidos es transgénico en su mayor parte y se
introduce a ciencia y paciencia de empresas y funcionarios sin el menor
cuidado. Con ello buscan enfrentar a quienes rechazan los cultivos transgénicos
y a la opinión pública con una estrategia de hechos consumados.
La Ley Monsanto (Ley de
Bioseguridad y Organismos Genéticamente Modificados) fue aprobada por los
legisladores mexicanos en 2004 y, como su apodo lo indica, favorece
principalmente los intereses de la trasnacional. Abrió la puerta a los cultivos
transgénicos y no garantiza la bioseguridad ni protege los cultivos y plantas
originarios de México, ni a sus productores.
En el mismo tenor fue
aprobada la Ley Federal de Producción, Certificación y Comercio de Semillas en
2007, en tanto que la Ley Federal de Variedades Vegetales existía desde 1996.14
El nuevo marco legal fue diseñado para la expoliación mientras se iban
derogando o reformando las leyes que protegían –a veces precariamente– los
derechos de productores, campesinos e indígenas.
Hasta que en 2009 el
gobierno federal, traicionando otra vez a la sociedad rural, rompió la
moratoria de facto que había subsistido por 11 años, al empezar a otorgar
permisos para siembra experimental y piloto de maíz transgénico, y ha puesto al
país a un paso de la siembra comercial del maíz de Monsanto.
El uso de semillas
transgénicas se agrega a la producción agroindustrial para profundizar la
dependencia de los productores pero al mismo tiempo agudiza las contradicciones
que apuntan al declive del modelo.15 Los daños comprobados a los ecosistemas y
a la salud humana, sus efectos sobre el clima —porque refuerza el uso del
petróleo en la agricultura— y el surgimiento de súper plagas que resisten los
venenos asociados a las semillas transgénicas genera protestas, moratorias y
prohibiciones. El maíz de Monsanto MON16 ha sido expulsado de 8 países de la
Unión Europea y en todo el mundo se revaloriza la producción orgánica.
Como lo ha señalado la
Red en Defensa del Maíz que reúne a más de mil comunidades y decenas de
organizaciones en 22 estados de México, "los cultivos transgénicos son un
instrumento de abuso corporativo contra el derecho a la alimentación y los
alimentos sanos, contra la producción independiente, diversificada de
alimentos, que ocurre en pequeña escala y en manos de campesinos en muchísimos
rincones del planeta (al punto que son quienes proveen la parte más
significativa de la alimentación mundial). (El uso de semillas transgénicas) es
un ataque frontal contra la soberanía alimentaria.”
La lucha de los pueblos
del maíz
La Red, a la par de
movimientos como "Sin maíz no hay país” y organizaciones como la UNORCA,
representante de La Vía Campesina en la región Norte de América, han enderezado
campañas por expulsar del país a Monsanto y sus semillas Frankenstein, pero la
Red se ha significado porque durante diez años ha declarado, por la vía de los
hechos, una moratoria contundente a la invasión del maíz transgénico. Los
campesinos saben que la mejor defensa del maíz es sembrarlo. Y custodiar sus
semillas, seleccionándolas e intercambiándolas. Saben que la soberanía
alimentaria empieza desde abajo y que la producción social y comunitaria de los
propios alimentos es la mejor garantía del derecho a la alimentación.
Ellos saben o intuyen que
las corporaciones y los gobiernos de los países dominantes han usado los
alimentos como arma geoestratégica impidiendo el desarrollo agrícola de los
países subordinados mediante tratados de "libre” comercio y la
tecnificación de la agricultura controlada por empresas como Monsanto, que
cumplen el doble propósito de maximizar las ganancias y mantener por tiempo
indefinido el sometimiento, en este caso, de la agricultura mexicana a los
intereses de la agricultura estadunidense.
Antes de la apertura
comercial el maíz había sido protegido por las políticas agrícolas nacionales y
el grano para consumo humano era abastecido en cantidad suficiente por la
producción local, principalmente minifundista, en tierra ejidal o comunal de
temporal. Tras la firma del TLCAN el gobierno mexicano fue retirando
paulatinamente los apoyos a la mayoría de los productores del campo hasta
abandonarlos.
En un escenario tan
complejo como desfavorable, la Red en Defensa del Maíz y varias organizaciones
de la sociedad civil mexicana, convencieron al Tribunal Permanente de los
Pueblos (TPP) para sesionar en México. Promovieron una línea de enjuiciamiento
al estado mexicano como responsable de la violencia hacia el maíz, la soberanía
alimentaria y los derechos de los pueblos.
Apoyada en el prestigio
moral del TPP, la gente del campo va contra el TLCAN y sus firmantes porque:
a) Entregaron la
producción de alimentos a las trasnacionales, convirtiendo a México en un país
dependiente.
b) La apertura comercial
de granos provocó el retiro del cultivo de más de 10 millones de hectáreas y el
éxodo rural de 15 millones de personas16.
c) Atentaron contra la
vida en torno a la milpa de maíz, corazón de la propuesta civilizatoria de
Mesoamérica.
d) Son responsables de un
crimen contra la humanidad: destruir la fortaleza genética de uno de los cuatro
pilares de la alimentación mundial.
Simultáneamente las
campesinas y los campesinos mexicanos más concientes y organizados impulsan
estrategias de resistencia como el establecimiento de zonas libres de maíz
transgénico, uniones de pueblos y ayuntamientos democráticos en defensa del
maíz, redes de tianguis orgánicos, festivales de gastronomía del maíz, bancos
de germoplasma comunitarios, reservas comunitarias de alimentos, ferias de
intercambio de semillas, y otras medidas en defensa de la vida campesina.
Es así como luchan
quienes durante muchas generaciones recrearon la biodiversidad y hoy siguen
siendo responsables de su preservación. Son herederos en línea directa de las
culturas que domesticaron y desarrollaron el maíz –son la gente del maíz del
siglo XXI– y están convencidos de que no se puede permitir que la voracidad de
las empresas trasnacionales se apropie de ese legado milenario.
Notas:
1.
Florescano,
Enrique. Precios del maíz y crisis agrícolas en México, 1708-1810. El Colegio
de México, 1969.
2.
San
Vicente Tello, Adelita; Carreón, Areli. El robo de las semillas de maíz en su
centro de origen y de diversidad genética. 16 de diciembre de 2008 http://vecam.org/article1080.html
3.
El
Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA por sus siglas en
inglés) dio a conocer en agosto una baja de 18 por ciento en las proyecciones
de su producción de maíz de este año, unos 56 millones de toneladas. http://www.fas.usda.gov/psdonline/psdreport.aspx?hidReportRetrievalName=BVS&hidReportRetrievalID=884&hidReportRetrievalTemplateID=1
4.
Los
precios del maíz se dispararon hasta alcanzar un máximo histórico de 8.49
dólares por bushel el 10 de agosto (en Estados Unidos el bushel equivale a 25.4
kilogramos). http://www.cnnexpansion.com/economia/2012/08/16/precio-de-maiz-en-eu-por-los-cielos
5.
Agencias
de la ONU "subrayaron la vulnerabilidad existente ante el problema de los
alimentos, ya que, incluso en un buen año, la producción mundial de cereales es
apenas suficiente para satisfacer la creciente demanda de alimentos y
combustible”. http://www.jornada.unam.mx/2012/09/05/economia/037n2eco
6.
La
compra supera en 159 por ciento las importaciones de maíz de los seis meses
iniciales de 2007, que sumaron 744 millones 857 mil dólares. http://www.jornada.unam.mx/2012/08/27/economia/027n1eco
7.
México
es ya el primer importador de maíz en el mundo. http://www.jornada.unam.mx/2012/04/14/sociedad/035n1soc
8.
Entre
2008 y 2010, la población que carece de acceso a la alimentación aumentó 4.2
millones, para llegar a alrededor de 28 millones de mexicanos. http://www.jornada.unam.mx/2012/02/09/politica/016n2pol
10. Persiste la alerta alimentaria en La
Tarahumara por bajas cosechas. Además el gobierno incumplió con la entrega de
100 mil toneladas de maíz y frijol comprometidas como ayuda humanitaria. http://www.jornada.unam.mx/2012/08/27/sociedad/045n1soc
11. Fracaso en el rendimiento. 2009.
Reporte de la Union of Concerned Scientists que demuestra el nulo
incremento en los rendimientos del maíz transgénico en Estados Unidos, después
de más de 20 años de investigación y 13 años de siembra comercial. shttp://www.ucsusa.org/assets/documents/food_and_agriculture/failure-to-yield.pdf
12. Monsanto quiere el ‘liderazgo’ de maíz
en México. http://www.tudecides.com.mx/noticias/empresas/monsanto-quiere-el-liderazgo-de-maiz-en-mexico.html
13. San Vicente Tello, Adelita ¿Los niños
al cuidado de Herodes? Convenio CNC Monsanto. La Jornada del Campo. 9 de
octubre de 2007 http://www.jornada.unam.mx/2007/10/10/amenaza.htm
15. Stedile, João Pedro. Las tendencias
del capital sobre la agricultura. América Latina en movimiento 459. ALAI,
octubre 2010 http://www.alainet.org/images/alai459.pdf
16. Tribunal Permanente de los Pueblos. México. Documento de trabajo, 20 de febrero de 2012
16. Tribunal Permanente de los Pueblos. México. Documento de trabajo, 20 de febrero de 2012
Audiencia
5: Violencia contra el maíz, la soberanía alimentaria y los derechos de los
pueblos.