Bogotá,
Colombia, 8 de octubre del 2012.- En el último
número de su revista, Anif presenta un interesante artículo sobre el proceso de
‘desindustrialización’ en Colombia, es decir, la forma como el sector
industrial ha ido perdiendo cada vez más peso e importancia en la economía.
Las cifras son contundentes. La
participación de la industria en el PIB se redujo a la mitad, bajando de un
máximo de 25% en los años 70 a 12,6% en el 2011.
De manera similar, el empleo generado en la
industria pasó de ser el 25,4% del total nacional en la década de los 70 a solo
el 13% en los últimos años.
Es interesante analizar cuándo se dio esta
pérdida.
Para Anif, “la verdadera década perdida en
materia de producción industrial resultó siendo la de los años 90, pues dicha
participación cayó del 22% al 14% (una caída de 8 puntos en una década)”.
Se confirma así el impacto tan negativo que
tuvo la ‘apertura’ de los 90 sobre la industria.
Según el estudio, la velocidad con que se
ha dado este proceso de desindustrialización lo diferencia de lo ocurrido en
los países desarrollados, donde también la industria ha perdido participación,
pero porque ha sido sustituida por las enormes innovaciones tecnológicas y el
desarrollo del sector de servicios.
En Colombia, por el contrario, la
explicación apunta a la ‘enfermedad holandesa’, o sea, a la abundancia de
divisas originadas en el auge mineroenergético, que ha inducido una enorme
revaluación del peso, el cual reduce la competitividad de la industria frente a
los productos extranjeros.
No hay duda de que el sector minero es cada
vez más importante en la economía: entre 1970 y el 2011, su participación en el
PIB pasó del 2,6% al 7,7%, y en las exportaciones del país del 10% al 70%.
Pero la poca generación de empleo en ese
sector también es evidente, pues solo pasó del 0,4% al 1,2% del empleo total en
ese periodo.
La conclusión del estudio de Anif es
correcta, pero incompleta.
La abundancia de divisas en Colombia no se
explica solo por el aumento del volumen y el precio de las exportaciones de
petróleo y carbón.
El mismo estudio reconoce que este gran
aumento de exportaciones no ha sido suficiente para reducir el déficit en la
balanza de pagos, que se ha mantenido por encima del 2% del PIB; esto es, que
en el comercio de bienes y servicios son más los dólares que salen que los que
entran al país.
Entonces, tiene que haber otras fuentes de
entradas de divisas que produzcan la revaluación, y estas son los ingresos de
capitales y el lavado de dólares del narcotráfico.
De hecho, a principios de los 90, cuando se
dio la mayor desindustrialización, el déficit externo llegó a ser el 5,5% del
PIB, y la revaluación de la tasa de cambio se produjo por la equivocada
apertura de la cuenta de capitales que permitió el ingreso de toda clase de
dineros, hasta de los de origen lícito.
Hoy, la industria sigue amenazada porque se
persiste en el error de no querer imponer ningún tipo de controles a los flujos
de capitales.
Otro corolario importante para la política
económica es la necesidad de aumentar la participación del Estado en los
ingresos de las exportaciones mineras.
Dice Anif que cuando el Gobierno es un gran
receptor de estos recursos, por ser el propietario exportador o porque impone
elevada tributación en la fuente, se pueden reducir y controlar los efectos de
la enfermedad holandesa.
El aumento de las regalías mineras es
indispensable para que sobreviva la industria colombiana.
Fuente: Portafolio