La Paz,
Bolivia, 14 de octubre del 2012.- Comerciantes de
todo el país han provocado una ‘explosión’ de la internación ‘hormiga’ en
Cobija e impactan en la economía de esa región. Los empresarios locales están
asombrados por el vertiginoso crecimiento y cobijeños, si bien está optimista
por sus jugosos ingresos para su región, también comienza a preocuparse por la
posible ola delincuencial que se puede desencadenar producto de los ‘verdes’
que circulan en el comercio.
Si bien esta jurisdicción es la única zona
franca especial pública del país hasta el año 2018 en la que los importadores
solo deben pagar un impuesto del 1,5% del total internado en mercaderías,
decenas de comerciantes burlan la norma, evaden el casi nulo control de la
frontera con Brasil y hacen de las suyas en esa región.
Con ello no se busca generalizar a los
comerciantes de ser ‘contrabandistas’, pero existen grupos de poder que optan
por no pagar ni un centavo de tributo.
Un equipo periodístico de EL DEBER constató
tal situación durante cuatro días en la frontera con Brasil, además que fue
testigo del ingreso de importantes volúmenes de mercadería de Perú y de Chile.
Mujeres procedentes de La Paz, gremiales de
Oruro, Cochabamba, Chuquisaca y de Cobija pasan un sinnúmero de veces al otro
lado de la frontera e ingresan mercaderías sin ningún control en autos, motos y
camionetas.
Al otro lado de la frontera (Brasilea) y en
el puente internacional tampoco hay control aduanero.
Los productos que más ingresan de Brasil
son las sandalias, zapatos, artículos para el hogar, cosméticos y ventiladores.
El capítulo V de régimen de viajeros, en su
artículo 23, señala que los viajeros nacionales o extranjeros procedentes de la
Zona Franca de Cobija (ZofraCobija) tendrán derecho a llevar como equipaje
acompañado al resto del territorio nacional las mercancías nuevas con un valor
equivalente a 1.000 dólares exentos del pago del Impuesto al Consumo Específico
y del Gravamen Arancelario.
Las mercancías que superen ese monto deben
ser sujetos de importación pagando los tributos establecidos.
Sin embargo, los comerciantes pasan una y
otra vez llevando consigo mercaderías superior a los $us 1.000 y nadie dice
nada. Los camiones que trasladan mercadería en grandes cantidades son
controlados por la zona franca de Cobija.
La ley 2135, del 18 de octubre de 2000, señala
que el tránsito internacional de mercancías que se realice a través del área de
ZofraCobija, y no tenga como destino esta zona franca, se sujetará a las normas
del régimen de tránsito aduanero.
Todo este accionar ha causado una verdadera
‘revolución económica’ en Cobija.
Lo principal se basa en el comercio hormiga
desarrollado por los comerciantes bolivianos y de Brasil.
Los comerciantes que han comprado un área
comercial en pleno centro de Cobija por un monto de $us 500.000 se hallan entre
las avenidas Tcnl. Cornejo, la 9 de Febrero, la avenida Fernández Molina, la
avenida Internacional y la avenida Pando.
Comentarios de los mismos comerciantes dan
cuenta de que los orureños tienen el mayor control de la zona.
Según se constató, entre los productos más
vendidos están los artículos de uso personal, de decoración, de cocina,
relojes, portátiles y tabletas, así como la línea blanca.
Otro campo del comercio que ha crecido es
el de los materiales y herramientas para la construcción.
Para darse una idea de la bonanza que vive
esa región basta citar que de haber apenas tres financieras hace cinco años,
hoy existe una decena de entidades, entre ellas Banco Unión, BISA, Ganadero,
Prodem, Fie, Prendamas y otras.
De igual forma, de haber tres sindicatos de
mototaxis hoy existe más de media docena, con más de 3.000 motos.
Por ejemplo, están Frontera, Cobija, 16 de
Noviembre, 5 de Mayo, Bruno Racua y Amazónico; los radiotaxis, trufis y líneas
de micro también han crecido.
Otro fenómeno que se registra es la
invasión de gente proveniente de las poblaciones de Xapuri, Río Branco, Porto
Belho, Brasilea y Epitazolandia, de Brasil.
Se estima un total de 3.000 visitantes cada
semana a la región.
La senadora opositora Carmen Gonzales
considera que hay un contrabando hormiga y advirtió serias consecuencias para
la región, como el crecimiento del narcotráfico.
En días pasado, la presidenta de la ANB,
Marlene Ardaya indicó que mientras no se tenga el control de migración, no se
puede probar el delito.
“Surge un nuevo poder económico”
Gary Rodríguez/ Analista
Hablar de Cobija puede equivaler casi a
hablar del departamento de Pando, una región con la menor población del país;
sin embargo, con uno de los mayores crecimientos demográficos de Bolivia en los
últimos años. Colindando con el poderoso Brasil, su aspiración natural es la de
lograr un desarrollo económico que hasta hoy no alcanza, pese a su importante
extensión geográfica y a la gran dotación de recursos naturales que tiene.
Probablemente con Pando pasa lo mismo que
con Santa Cruz hasta los años 50. La falta de integración al quehacer nacional
la mantiene postrada. La contribución de Pando al PIB boliviano no llega al 1%,
como tampoco en el caso de las exportaciones. Probablemente por esto es que en
su momento se ideó como una posibilidad para su desarrollo la figura de una
zona franca comercial e industrial para atraer inversiones y generar movimiento
económico y empleo. Pero, casi como ha ocurrido con otras experiencias iguales
en el resto del país, ha sido el comercio el que ha predominado antes que la
industrialización de sus recursos naturales que, como en el caso del área
forestal, ofrece la posibilidad de la explotación de bienes maderables (maderas
tropicales) y no maderables (castaña).
El turismo también es una exportación de
servicios poco aprovechada. Según una investigación del PIEB de este año, el
comercio de importación en Cobija está generando un nuevo poder económico y
redes de comerciantes emergentes llegados del occidente del país para
beneficiarse del trabajo en una vasta frontera con Brasil poco vigilada.
También está una zona franca que les
permite hacer mucho dinero y alienta la construcción de infraestructura
comercial e inversión en tierras, configurando así un nuevo poder político,
desplazando a grupos familiares tradicionales de la región (beneficiadores de
la castaña, concesionarios forestales) al incursionar incluso en la ganadería.
En relación con la preocupación sobre el
contrabando que se da en la región, la recomendación es la de siempre: más
presencia del Estado en la frontera; empoderar la Aduana con más funcionarios y
efectivos del COA bien pertrechados y pagados.
Fuente: Rju