Beijing, Chima, 25 de septiembre del 2012.-
Durante el periodo de poscrisis, Estados Unidos y los países europeos han
vuelto a aplicar la estrategia de “reindustrialización”. La conversión de la
“desindustrialización” en la “reindustrialización” significa que ha subido el
porcentaje de empleo en la industria fabril de Europa y que alguna cantidad de
los fondos fluye otra vez de los países en desarrollo a los desarrollados.
Reindustrialización
occidental a costa de China
Es
sabido por todos que los países desarrollados fueron los primeros en llevar a
cabo la desindustrialización. Debido a la elevación de los costos de producción
como la tierra y mano de obra, la constante mejora de la conciencia de
protección medioambiental y el gradual agotamiento de los recursos, desde los
años 60 y 70 del siglo pasado, muchas empresas de países occidentales
comenzaron trasladar sus industrias de procesamiento y emsablaje, las
intensivas en mano de obra, a otras regiones del mundo con bajos costes. Sin
embargo esta práctica provocó también serios problemas para el desarrollo
económico y empleo. Luego de estallar la crisis financiera en 2008, y sobre
todo la continua expansión de la deuda europea, el “desendeudamiento” de las
familias estadounidenses y del Gobierno europeo hicieron que estos países
reflexionaran la desindustrialización y esperaran realizar nuevamente la
economía real.
Hay
que ver que la reindustrialización occidental desafía directamente la
“fabricación en China”. En la reunión anual 2012 del Foro de Boao, un director
del General Electric expresó que la economía ficticia ha causado el alto
desempleo en EE.UU. en la crisis global y la caída del consumo por la falta de
confianza en el futuro, y que se debe pasar de la desindustrialización a la
reindustrialización y revitalizar la industria fabril llevando puestos de
trabajo a su país.
Enorme
desafío para China en la disputa por la industria manufacturera
A
la vez, Estados Unidos y los países europeos aprovechan la reindustrialización
para volver a construir barreras comerciales y recuperar el liderazgo en la
competencia de industrias internacionales, por medio del impuesto sobre el
carbono, normas de trabajo y responsabilidades sociales.
Es
innegable que la trasladación de las industrias es consecuencia de la
distribución racional de los recursos económicos globales y tanto los países
desarrollados como los en desarrollo son beneficados. No obstante, esta
trasladación produjo efectos secundarios cada vez más obvios para los países
avanzados, a saber, el aumento del desempleo y de la brecha entre ricos y
pobres, entre otros problemas económicos y sociales. Es el conocimiento común
de la comunidad internacional desde la crisis subprime que sin la industria
manufacturera, las economías desarrolladas no pueden reducir eficazmente la
tasa de desempleo.
Nadie
es capaz de impedir la decisión de las naciones desarrolladas que pretenden
expandir nuevamente la industria manufacturera. El problema esencial para una
economía en desarrollo como China consiste en cómo enfrentar esta competencia
encarnizada. Necesita superar a la competencia de las industrias fabriles de
baja tecnología de Vietnam y otros países en vías de desarrollo y a la de las
de alta tecnología de Estados Unidos, Japón y otras naciones avanzadas.
Fuente:
Spanish China